Serra da Peneda (Portugal)

Serra da Peneda desde Serra Amarela
Serra da Peneda en la localidad de Rouças
Que Portugal es para mí un país especial no es ningún secreto. Me gusta casi todo de él. También sus montañas. No es un país de altas cordilleras, ninguna supera los dos mil metros de altura, pero su mitad norte está surcada por un sinfín de sierras. La Serra da Estrela es la más imponente y casi alcanza la cota de los dos mil, pero también hay otras con alturas respetables que producen la sensación en el que las admira de estar delante de auténticas montañas: la Sierras de Larouco, Caramulo, Marão y, sobre todo, las de Peneda-Gerês, en el extremo norte del país luso.
El conjunto de Peneda-Gerês forma el único parque nacional de Portugal y tiene un gran valor ecológico y paisajístico para un país que ha abusado en  exceso de las repoblaciones con especies de crecimiento rápido (pino y eucalipto) y que tiene en esta zona amplias zonas con vegetación y fauna autóctona que es obligado conservar.

Paisaje cercano a la aldea de Ermida
Paisaje cercano a la aldea de Parada
Paisaje cercano a la aldea de Parada
Cuando visité el parque lo hice en verano y no era mi único objetivo. Pretendía explorar el distrito de Viana do Castelo, el más septentrional de Portugal, con localidades tan mágicas como Caminha o Ponte de Lima y con pequeñas sierras como la de Arga, junto al mar. Por supuesto, uno de mis objetivo era una primera aproximación al parque. Recorrí su parte norte, las sierras Amarela, Peneda y Soajo, para otro momento quedará la zona sur, la Serra de Gerês.
Lo que vi me encantó. Encontré aldeas perdidas como Ermida a las que llegar en coche era toda una odisea, pueblos pintorescos que conservaban buenos ejemplos de arquitectura rural y los famosos espigueiros (hórreos) como Parada, Soajo o Lindoso, comí uno de los balacaos más ricos que recuerdo y admiré paisajes soberbios, como los que rodeaban el pueblo de Rouças o el santuario de Nuestra Señora de Peneda. Recorrí senderos empedrados y disfruté de bellos paisajes salpicados de robles, pinos,acebos y madroños. Una experiencia muy recomendable.

Camino empedrado de la ruta Peneda do encanto
El roble es muy abundante en la Serra Amarela
Serra da Peneda desde Serra Amarela
Bovino autóctono de la zona
Espigueiros (hórreos) en Soajo
Serra da Peneda

Huertas sierragatinas

Huertas en Gata, junto a la rivera del mismo nombre








Higuera y rosal con huerta en la localidad de Gata

Dice un compañero mío que el hortelano es un hombre sabio, que la huerta es un lugar casi milagroso donde el hombre logra maravillas y obtiene con tesón y esfuerzo todo lo que la tierra puede dar. Las huertas alegran y diversifican el paisaje en los alrededores de los pueblos sierragatinos, inundan de olores sus cercanías, y forman verdaderos laberintos recorridos por pequeños senderos o pasadizos por los que  también se mueve el agua a través de estrechos canales que dirigen el líquido elemento desde los ríos hacia las huertas.
En primavera y verano están en su esplendor. Nísperos, naranjos, limoneros, melocotoneros, ciruelos, higueras salpican las pequeñas parcelas, algunas casi minúsculas, mientras la tierra produce a pleno rendimiento. En primavera el olor a azahar se hace omnipresente en los lugares donde el naranjo abunda y  en verano las zonas de huerta conservan la humedad y el intenso verdor que en los lugares no regados se apaga lenta e inevitablemente.

Olivos en un huerta junto al río Erjas, en las cercanías  de Eljas

Huertas junto a Eljas
Hay pueblos de la Sierra en los que perderse entre sus huertas es un inmenso placer. Siento predilección por las de Robledillo, un laberinto de pequeñas parcelas desde las que hay preciosas vistas del pueblo, ambos separados por un todavía recién nacido Árrago. También me gustan las de Torre de D. Miguel y Gata, estas últimas regadas con el abundante agua de la Rivera de Gata. Pero hay unas huertas que atraen más que ningunas, son las de Acebo: una enorme extensión de parcelas se distribuyen a lo largo del arroyo Lágina, antes y después del pueblo, huertas en las que abundan los naranjos que colapsan el aire primaveral con el olor a azahar y que, a pesar del progresivo abandono de algunas de ellas, todavía muestran algo del esplendor de antaño.
Y es que en toda la Sierra el trabajo del campo retrocede. Son frecuentes los olivares y las huertas abandonadas a su suerte, invadidos por la maleza y olvidados por el hombre. Aún así, todavía hoy podemos disfrutar de bellas estampas del trabajo hortelano en la Sierra de Gata.

Zona de huertas en Torre de D.Miguel

Torre de D.Miguel vista desde las huertas

Huertos en Robledillo de Gata

Zona de huertas con Robledillo de Gata al fondo

Vista general de las huertas junto a la localidad de Robledillo

Rosales en una huerta de Acebo

Frutales en las huertas de Acebo

Un mar de naranjos y limoneros cubren las huertas de Acebo

Microhuertos junto al río Árrago, en la localidad de Descargamaría
Huertas en el Valle del arroyo de Valdelaseras, cerca de Perales del Puerto

Paisajes con musgo

Muro cubierto de musgo en el Camino de los Castaños de Hoyos


Musgo en piedras y muros en el Camino de los Castaños
de Hoyos

Me declaro enamorado de los paisajes con musgo. Dotan a la imagen de un ingrediente especial, sobre todo en invierno u otoño, cuando el paisaje desnudo o con predominio de marrones y ocres se ve literalmente reventado por el verde intenso del musgo en troncos, rocas o muros de piedra.
En la Sierra de Gata los otoños e inviernos suelen ser muy húmedos y, si hay suerte, las lluvias se prodigan también hasta bien entrada la primavera. Durante tres cuartas partes del año el musgo es el rey en las zonas más umbrosas, en los lugares recogidos y poco expuestos a los rayos del sol.
Cuando paseo por el monte y llevo mi vieja cámara, no dejo escapar ninguna de esas imágenes en las que el musgo individualiza el paisaje y lo hace único. Muchas de ellas están repartidas por distintas secciones del blog, aquí dejo algunas de ellas.

Musgo en troncos y piedras en primavera junto a San Martín de Trevejo,
en la Sierra de la Cachaza


Paisaje invernal en el Castañar de Ojestos
 de San Martín de Trevejo con muros cubiertos de musgo


Camino de Hoyos a Trevejo en invierno,
con muros cubiertos de musgo


Musgo en las paredes arruinadas de una majada entre
Cadalso y Hernán Pérez


Otoño con piedras cubiertas de musgo
 junto al río de la Vega, en San Martín de Trevejo

Murete con musgo en las cercanías de la ermita
de la Virgen de la Peña (Perales del Puerto)