Piscina de Perales del Puerto

Piscina con el puente sobre la Rivera de Acebo
Piscina de Perales antes del incendio de 2015.
El bosque de ribera y los robles situados a la izquierda sobrevivieron.
Los pinos que se ven a lo lejos desaparecieron.
La piscina de Perales del Puerto retiene las aguas de la Rivera de Acebo en un paraje precioso. El puente de la carretera de Coria a Ciudad Rodrigo parece protegerla, cobijándola y dándole más sombra aún que la que los alisos y fresnos le ofrecen de forma natural. Es uno de mis rincones favoritos para la primavera, cuando disfruto del río en este lugar tan especial mientras leo algún libro casi en soledad, sin las masas de bañistas que anegan el charco en los días centrales del verano, cuando la piscina es asaltada por ejércitos de las cercanas Coria y Moraleja. Por eso la disfruto en primavera, cuando todavía no es piscina pero también en las primeras jornadas del verano, a finales de junio y comienzos de julio, en días de diario en los que aún es agradable bañarse sin agobios. Mis primeros chapuzones del verano son aquí. Vienes sudado y cansado de una buena caminata en el monte, te quitas las botas y el agua fría te reconforta como pocas cosas en la vida. Sin mis lecturas primaverales y mis primeros baños veraniegos en la piscina de Perales la Sierra de Gata no sería la misma.


Ojos del puente de la carretera de Coria a Ciudad Rodrigo
 sobre la piscina de Perales
El incendio de verano de 2015 dañó brutalmente el maravilloso entorno que rodea el lugar. Los pinares fueron arrasados y el bosque de ribera aparentemente muy tocado. Pero la naturaleza es milagrosa: buena parte de la aliseda se recuperó, los fresnos que están al otro lado del puente, donde se conservan restos de antiguos molinos, también lograron reponerse. Además, rebrotó el puñado de robles que dan sombra en los alrededores, sólo los pinos ya no están. Hoy, cuando te bañas parece que el fuego es algo muy lejano y el lugar ha recuperado lo esencial de su belleza.


Cola de la piscina de Perales escoltada por el bosque de alisos

Los pajares (Santibáñez el alto)

Prado cuajado de flores y construcciones de Los Pajares

La zona tiene abundante agua: la Laguna Vieja en primer plano

Conjunto de edificaciones entre acebuches

A los pies del pueblo de Santibáñez el Alto, entre la montaña en la que se encarama la localidad y el pantano del Borbollón, uno encuentra un lugar sorprendente: un complejo con decenas de edificaciones rectangulares y paredes de piedra que forman una original agrupación de pajares, diseminados unos, agrupados otros, pero formando todos un maravilloso conjunto que de lejos puede parecer un viejo pueblo semiabandonado.
"Los Pajares" de Santibáñez fueron declarados Lugar de Interés Etnológico en 2010 como uno de los escasos conjuntos arquitectónicos de carácter  agroganaderos aceptablemente bien conservados de Extremadura.
Podemos llegar por un ancho camino, desde la carretera que une el Pantano de Borbollón con la EX-205, o hacerlo por un precioso sendero que baja desde el pueblo hacia la dehesa boyal donde están Los Pajares, mientras disfrutamos de unas vistas imponentes del embalse y de las llanuras que se extienden hacia Coria y Montehermoso.

Caballos pastando en Los Pajares

Edificaciones del conjunto en buen estado

Vista de varias edificaciones del conjunto

Siempre he visitado este paraje en primavera, en esos días luminosos de abril o comienzos de mayo en que la naturaleza está exultante y Los Pajares se visten de gala, rodeados de prados cuajados de flores, acebuches, fresnos, encinas. En lo alto, entre robles y castaños, Santibáñez, como vigilando y protegiendo sus pajares. 

No todas las edificaciones están en ruinas, muchas están en uso, otras semiabandonadas y algunas derrumbadas o engullidas por la maleza. Esa diversidad hace del conjunto arquitectónico un lugar vivo pero también con un aire ruinoso que le confieren los muros caídos y los techos derrumbados. Esa ruina de lo antiguo siempre me ha fascinado, esa sensación de soledad y abandono me atrae como un imán. Y la encuentro en Los Pajares, pero también encuentro vida, actividad, que me permiten disfrutar y hacerme una idea clara de lo que fue este lugar hace solo varias décadas.

El día de abril que hice estas fotos los robles ya renacían después del apagón invernal, los castaños todavía esperaban su momento, el majuelo se desbordaba de flores, el campo estaba lleno de agua, las charcas y fuentes que abundan por la zona se mostraban pletóricas después de días de generosa lluvia. Pasé más de cuatro horas deambulando entre muros y paredes, sentado junto a una puerta o tirado en la hierba rodeado de caballos que pacían sin prisa, haciendo fotos y más fotos, absorbido por un paisaje embriagador. Hice también un sencillo vídeo que dejo abajo. El tiempo pasó tan rápido que cuando miré el reloj descubrí que eran las cinco de la tarde y no había comido. Entre viejas piedras todo se para, también el tiempo.

Muros y construcciones de granito entre praderas y caballos

Detalle de una construcción rectangular

Algunas edificaciones están ruinosas

Los pajares se sitúan a los pies de la montaña

Interior en ruinas de una construcción

Viejas piedras por las que merece la pena andar

Construcción en buen estado de conservación

El robledal despierta en primavera en la montaña que vigila Los Pajares




El paisaje sierragatino nueve meses después del gran incendio de 2015 (sobre la resistencia del bosque autóctono)


En su momento ya defendí la necesidad de cambiar la política forestal que ha permitido la existencia de amplias áreas en el noroeste montañoso extremeño cubiertas de plantaciones forestales (no bosques) que multiplican la posibilidad de grandes incendios y desastres naturales. En concreto, el pinar (pino pinaster o rodeno) ocupa buena parte de la superficie de Las Hurdes y zonas muy extensas de la Sierra de Gata. 
El incendio de agosto de 2015 provocó un desastre natural de grandes proporciones y quemó miles de hectáreas de pinar pero también, en su última fase, más de mil hectáreas de bosque de alcornoques, robles y castaños. Hoy, nueve meses después, en mayo de 2016, podemos observar claramente el diferente comportamiento que, a corto plazo, han tenido las distintas especies arbóreas frente al incendio

Zona del Camino de los Castaños, Hoyos. Buena parte del robledal ha reverdecido
y el castañar también

Tronco quemado en la zona de Molcalvo. El bosque autóctono
se ha recuperado parcialmente

En la zona de Lameros, en su suelo de cenizas ha nacido un pequeño roble
solo nueve meses después del incendio

Robledal en Lameros muy recuperado del fuego de agosto de 2015

Castañar rebrotado en las ramas en la zona de Lameros

Robledal muy recuperado entre Cilleros y Hoyos

Castaños con brotes en sus ramas en la zona del Camino de los Castaños (Hoyos)

Roble quemado con brotes verdes en el valle del Arroyo de Valdelasheras (Perales)

Alcornoques que han rebrotado después del incendio cerca de Perales

Zona del Canchal del Burro, duramente castigada por el incendio
 y hoy muy recuperada

Valle del Arroyo Valdelasheras arrasado por el fuego
 y muy recuperado nueve meses después, Perales

Castaños recuperados del incendio, en Lameros (Hoyos)

A comienzos del mes de mayo de 2016 recorrí las principales áreas quemadas y sólo con una somera exploración pude advertir la resistencia del bosque autóctono al fuego y su capacidad de regeneración. Después de esa visita pude sacar una conclusiones evidentes (el reportaje fotográfico es de entonces): 
  • Las zonas cubiertas por bosque natural (vegetación potencial) han recuperado un alto porcentaje de su masa forestal, con datos realmente impresionantes: sólo con un vistazo a las áreas afectadas podemos concluir que en torno al 60-70% de los robles se han recuperado, especialmente los árboles de mayor porte; cifras incluso superiores atribuiría sin temor a equivocarme al alcornoque, protegido de forma natural por su corteza; el castaño no ha tenido un comportamiento tan espectacular pero también es destacable su positiva actitud frente al fuego sólo nueve meses después, en torno al 15-20% de los árboles ha rebrotado en rama y un porcentaje superior al 40% lo ha hecho desde la raíz, con lo que aunque en apariencia el árbol está muerto, hay garantías de que en pocos años el castañar volverá lucir con esplendor en las áreas como Moncalvo o Lameros.
  • Las zonas cubiertas por pinar han quedado totalmente devastadas, pudiendo distinguir dos áreas: por un lado la superficie no talada (generalmente de propiedad privada) en la que el pinar quemado permanece tal y como quedó nueve meses antes, con el incendio, y sólo ha crecido en algunos casos un manto verde de helechos  o hierba (aprovechando las cuantiosas lluvias de primavera); por otro lado la superficie talada, claramente mayoritaria, y en la que podemos observar un espacio casi lunar, muy erosionado, en el que la introducción de maquinaria pesada a empeorado momentáneamente la situación y ha dificultado que las lluvias equinociales permitieran el surgimiento de los primeros brotes de sotobosque o helechos. En estas últimas zonas aparecen, como espectros fantasmales, algunos alcornoques que sobrevivieron al incendio a pesar de estar rodeados de coníferas, así como algunos pinos que resistieron el embate de las llamas, probablemente a causa de la velocidad del fuego azuzado por el fuerte viento, que avanzaba con tal ritmo que dejaba algunos árboles por quemar completamente.


Hace nueve meses este prado cerca de Perales era un paisaje negro y arruinado

Castaño rebrotado desde la raíz nueve meses después del incendio

Zona de pinar talada. Situación nueve meses después del incendio

Erosión en zona de pinar quemado y talado después.
El uso de maquinaria pesada ha dejado su huella

Zonas de pinar quemadas y luego taladas

Un eucalipto superviviente solo
 en un lugar hasta hace nueve meses cubierto por un denso pinar

Zona de pinar quemada. Algunos pinos sobrevivieron, el resto fue talado

Pinar quemado no talado cerca de La Fatela