Barrio del Regajo (Gata)

Primeras casas del Barrio del Regajo

Calle principal que recorre el Barrio

Hay un lugar en Gata que ningún viajero debería perderse. Está en lo alto del pueblo, apartado, no tiene un gran atractivo patrimonial pero su ubicación lo hace especialmente interesante. Desde allí las vistas de Gata son inigualables. Entre rocas y con un marcado desnivel un puñado de viejas y humildes casas, hoy la mayoría en desuso, arruinadas o convertidas en establos y cobertizos, se encaraman a la ladera de la montaña. Solo un par de ellas están habitadas y ligeramente reformadas, el resto son testigos de antiguos tiempos en los que gente muy humilde sacó adelante a sus familias en aquellas casitas de piedra.

La naturaleza rodea el Barrio del Regajo


Almendro en flor junto a una de las pocas casas habitadas


Viejos muros de piedra y paredes derrumbadas abundan en el Barrio

La última vez que subí hice la mayoría de estas fotos. Un hombre no demasiado mayor que venía de dar de comer a sus gallinas se detuvo a hablar conmigo. Me dijo: ahí donde tengo las gallinas nací yo. Aunque todo esto está medio en ruinas, aquí vivíamos muchas familias. Hoy viene mucho visitante a dar una vuelta por aquí.
Yo recomiendo un paseo por el barrio del Regajo, con sus edificios en ruinas y sus viejas casuchas de piedra. Al final del todo, cerca de una de esas modestas construcciones, unas encinas jóvenes junto a varias peñas de granito sombrean un lugar perfecto para descansar acompañados de un buen libro mientras disfrutamos de unas vistas privilegiadas de uno de los pueblos más bonitos de la Sierra de Gata.

Impresionantes vistas del valle y del pueblo de Gata desde el Barrio del Regajo


El Barrio en invierno


Frutales junto a viejos muros de piedra


En un día de lluvia las nubes cubren el Barrio


Una pequeña casa de aperos por encima del Barrio,
entre pinos, castaños y helechos

Otoño crepuscular en la Sierra de Gata


Robledillo  con el alto valle del Árrago al fondo
Valle del Árrago junto a Robledillo

Cuando el otoño se esconde en la Sierra de Gata lo hace a lo grande. Es el canto de cisne, el último esplendor antes de que el invierno con su quietud lo inunde todo. En este último estertor el otoño se viste con su último traje, más ocre y rojizo, y nos deja imágenes de ensueño.
Esta despedida se hace por fases: los castañares comienzan antes, los robledales después; las zonas altas son más tempranas, las más bajas en altitud prolongan el festival alguna semana más. En cualquier caso este crepúsculo de la estación más bella del año es un espectáculo inigualable.
 

Robledal cercano a Santibáñez

Vistas desde Santibáñez, con la Jañona al fondo

Piedras cubiertas con musgo en un bosque cercano a Gata

Bosque de castaños y robles cercano a Gata

En un bosque cercano a Gata

Camino otoñal en las cercanías de Torre de Don Miguel

Camino de los Castaños en Hoyos

Eljas vista desde la carretera hacia San Martín de Trevejo

Bosques en la Sierra de la Cachaza, frente a Eljas

Camino junto al río de la Vega, en San Martín de Trevejo

Cerca de San Martín de Trevejo

Castañar  de Ojesto, en San Martín

En las cercanías de San Martín de Trevejo

Camino junto al río de la Vega

Robledal con las Torres de Hernán Centeno al fondo

Río de la Vega

Este año estaba decidido a fotografiarlo con detalle. Dediqué dos días de trasiego intenso a hacerlo. Los cortos días del final de otoño me obligaron a recorrer la Sierra de una punta a otra aprovechando cada minuto, cada segundo. Comencé andando por los alrededores de Robledillo y adentrándome después por el camino de la calzada que lleva al nacimiento del Árrago; más tarde me acerqué a Santibáñez el Alto, desde donde las panorámicas son soberbias. Ese día lo único que comí desde el desayuno hasta las seis de la tarde fueron unas avellanas. Mi siguiente parada fue en las laderas de la Almenara, primero en un bosque encantado de castaños cercano a Gata, después en esa maravillosa selva mixta de pinos, castaños, robles y alcornoques que protege Torre de Don Miguel. Agotado por mi síndrome de Stendhal particular (ansiedad y asma), la noche me obligó a parar y descansar. Mañana sería otro día intenso de paisaje y bosques.
La nueva jornada comenzó paseando por un "bosque heroico", el castañar de Hoyos resistió con tenacidad el embate del terrible fuego del 2015, la humedad originada por el propio microclima que genera el bosque le permitió sobrevivir no sin heridas. De allí me fui a la impresionante selva que rodea el camino del Puerto de Santa Clara, en San Martín. Estuve tres horas andando por ella, primero siguiendo el río de la Vega y luego internándome en su corazón, en cuyo seno viven dos viejos castaños (los "abuelos"); con ellos comí en pleno bosque, solos los tres. Con los pies cansados afronté la última parada, los alrededores de Trevejo desplegaron ante mí todas sus galas de fin de otoño, y lo hicieron a esa hora tan mágica que es el atardecer. Final del día al terminar el otoño, que mejor forma de acabar.

Aquí dejo algunas fotografías de esos días. El resto están en el siguiente enlace: ÁLBUM COMPLETO DE FOTOS.

Robles en el camino entre Villamiel y Hoyos

En el camino de Trevejo a Hoyos

Vistas desde Trevejo a última hora de la tarde

Villamiel vista al atardecer desde Trevejo

Días lluviosos de comienzos del otoño en los bosques de Gata








Las primeras lluvias intensas del otoño cambian el paisaje de la Sierra, la tierra parece otra y los árboles no son los mismos después de varios meses de duro estío. Rejuvenecidos por las aguas revitalizadoras de octubre, los bosques se muestran con todo su esplendor, preparando ya la llegada de ese noviembre mágico lleno de ocres, amarillos y rojos. Los días centrales del otoño, a mediados de noviembre, son la joya de la corona, pero estas primeras jornadas lluviosas de octubre son una magnífica presentación de lo que luego nos deslumbrará. 

Algunos años el agua se demora y la tierra se muestra impaciente, harta de calor y sequía, deseosa del líquido elemento sin el que nunca podrá mostrar sus mejores galas. Estas fotos están hechas uno de esos años, cuando las altas temperaturas tardaron en irse y el agua mucho en llegar, hubo que esperar con paciencia a que a finales del mes de octubre por fin el paisaje cambiara. En esos días lluviosos de comienzos de otoño los bosques que rodean Gata son especiales y yo nunca falto a mi cita, recogiendo castañas bajo una pertinaz lluvia mientras devoro el paisaje sobrecargado de belleza. No sé a donde mirar ni que recoger en mi cámara, todo es bonito  en un lugar donde las nubes bajas diluyen el bosque entre una espesa niebla que lo convierte en fascinante y misterioso.