Torres de Hernán Centeno

Torres de Hernán Centeno vistas a corta distancia
El Jálama visto desde las Torres de Hernán Centeno
Torres de Hernán Centeno desde el camino al Puerto de Santa Clara
Cuenta la leyenda que en el siglo XV había en la Sierra de Gata occidental un famoso bandolero llamado Hernán Centeno, apodado el Travieso. Aunque de origen noble, no dudó en dedicarse a asolar con sus correrías las tierras sierragatinas, llegando incluso a apoderarse de la fortaleza de Eljas, aprovechando la ausencia de su Comendador. Convertido en una auténtica leyenda y protegido en su inaccesible castillo de Rapapelo, hubieron de intervenir los Reyes Católicos para restablecer el orden y la justicia en aquella zona.

Hoy en la Sierra de Gata un paraje recuerda al mítico bandolero. Un lugar mágico donde la leyenda sitúa las ruinas del castillo de Rapapelo que las gentes del Val de Xálima conocen en su idioma (a fala) como As Torris de Felnán Centeu. En realidad se trata de una interesante zona rocosa, con afloraciones graníticas que se asemejan a los restos de una fortaleza derruida.
Situadas en el término de Eljas, lindando con Salamanca, las Torres de Hernan Centeno tienen un fácil acceso desde el puerto de Santa Clara, en las cercanías de San Martín de Trevejo. En dicho puerto tendríamos que iniciar el camino hacia Eljas y luego desviarnos del camino para subir entre rocas hacia nuestro objetivo. 

Vista a lo lejos de las Torres de Hernán Centeno
Torres de Hernán Centeno vistas desde el río de la Vega
Vista invernal desde las Torres de Hernán Centeno
Lugar evocador estas Torres de Hernán Centeno. Con frencuencia cubiertas de nubes en otoño e invierno, son un lugar ideal desde el que divisar el páramo salmantino, el imponente Jálama o el valle de San Martín de Trevejo. El viento es el rey en el Teso de la Nave, nombre con el que se conoce también el pico montañoso sobre el que se asientan las Torres. Os podéis hacer una idea visionando un rudimentario vídeo que gravé un día invernal con fuerte viento y mucho frío mientras ascendía por las míticas Torres.

Desde las Torres de Hernán Centeno se divisa El Payo y la meseta castellana

Torres de Hernán Centeno entre la niebla vistas desde el camino hacia Eljas

Río Árrago


Atardecer veraniego en el Árrago

Remanso en el Árrago

Hay dos ríos principales que recogen toda el agua que cae en la Sierra de Gata: son los ríos Erjas y Árrago.  El Erjas nace en las cercanías del pueblo de Eljas y antes de convertirse en frontera natural entre España y Portugal drena las tierras sierragatinas occidentales ayudado por afluentes como el arroyo de la Vega o la Rivera Trevejana. Muy lejos ya de nuestras montañas, desemboca en el río Tajo allá por tierras del parque natural Tajo Internacional.
Pero nuestro protagonista es el otro gran cauce, el río Árrago, río esencial para el noroeste de Extremadura, ya que su agua se embalsa en el pantano del Borbollón nada más abandonar la Sierra de Gata y con ella se riegan las feraces vegas de Moraleja. Otros cursos menores, como la Rivera de Gata o el río Tralgas desembocan en él y lo fortalecen en su curso medio, ya fuera de las montañas.

El Árrago justo antes de llegar a Robledillo

El Árrago recién nacido muy cerca del Puerto Viejo

Otoño en el río Árrago a la altura de Cadalso

A mí lo que me interesa del Árrago es su curso alto, cuando el río no es más que una rivera de montaña, con un caudal modesto que solo se vuelve respetable cuando las intensas lluvias estacionales lo convierten en poderoso e, incluso, imponente. En esos primeros kilómetros desde que nace en el Puerto Viejo de Robledillo hasta que se une con el Tralgas y sale de las montañas a la vista del pueblo de Santibañez el Alto, el rio ha excavado un precioso valle jalonado por tres pueblos: Robledillo, cerca de su nacimiento, Descargamaría y Cadalso. 
En sus comienzos, el río está apadrinado por el formidable pico Bolla (1519 m.) y se mueve encajonado  hasta que lentamente el valle se va abriendo y el Árrago va recogiendo el agua de sus primeros afluentes. Poco después de la localidad de Descargamaría, el precioso arroyo Garganta Vieja desemboca en él y lo nutre con sus refuerzos. En esa zona el paisaje es también bellisimo, a un lado la Sierra de Las Pilas, a otro el pico Vela (1078 m.) y las montañas hurdanas. Cuando el río llega a Cadalso, el valle se ha abierto, hace poco ha recibido agradecido el aporte de otro afluente respetable, el arroyo Las Pilas, y el río, con fuerzas renovadas, ha ampliado su caudal y avanza tranquilo dejando a su derecha al pueblo de Cadalso, a solo unos cientos de metros. Allí, junto a las piscinas naturales que llenan de bañistas sus aguas en los días calurosos del verano, se disfruta de bonitas vistas de la montaña la Jañona (1367 m.) y la torre de La Almenara a un lado y el pico Los Ángeles (1067 m.) a otro. Desde ahí, el curso del Árrago se encajona y serpentea buscando una salida de la Sierra de Gata, recibiendo primero las aguas del arroyo San Juan y luego uniéndose más tarde al Tralgas y abandonando para siempre las montañas para buscar su destino, el río Alagón, tributario a su vez del Tajo.

Arroyo del Arguijo, tributario del Árrago
Pinares rodeando el valle del Árrago entre Descagamaría y Cadalso

Paisaje invernal con cascada en el Árrago entre Robledillo y Descargamaría

El  Árrago crecido como consecuencia de intensas lluvias invernales

Primavera en el Árrago a la altura de las piscinas naturales de Cadalso

Comienzos de la primavera en el Árrago



Arroyo Garganta Vieja, tributario del Árrago

Estampa otoñal del Árrago próximo a salir de la Sierra de Gata y unirse con el Tralgas

Viejos molinos de la Sierra de Gata

Molino restaurado en el río San Juan, junto a Torre de D. Miguel

Maquinaria de un molino en ruinas en el río San Juan, Torre de D. Miguel

Viejos molinos, la mayoría en ruinas, jalonan los valles de la Sierra de Gata. Junto al curso de los ríos, su decadencia recuerda tiempos mejores para las actividades tradicionales, en los que los molinos tenían un papel principal en sociedades agrícolas.
Eran molinos de agua, que aprovechaban su abundancia en la Sierra para procesar los productos locales, especialmente la aceituna. Aunque los había harineros, la mayoría se dedicaban a la producción de aceite, actividad esencial de unas montañas sierragatinas en las que el olivo tenía, en algunas zonas, categoría de monocultivo.
Algunos se han restaurado (véase primera foto) e incluso se han convertido en museos (Molino del Medio o museo del aceite de Robledillo), pero la mayoría permanece en ruinas, con frecuencia comidos por las zarzas y el matorral y casi inaccesibles, como los molinos de Villasbuenas. 

Canal de abastecimiento de agua en uno de los numerosos molinos de la
localidad de Gata, junto a la rivera del mismo nombre

Vista general de un molino aceitero gateño con sus apartaderos o troncos
y su maquinaria todavía conservada al fondo

Sus vestigios tienen algo especial cuando se visitan. Lo que hoy son escombros, un día acogió un trasiego continuo de gentes que se afanaban en convertir, como en un milagro, el fruto de la naturaleza en sustento para los hombres. Los molinos de la Sierra de Gata son un valioso patrimonio de arqueología industrial que es necesario conservar.

Apartaderos o "troncos" de un molino de aceite gateño
Noria de un viejo molino en el río San Juan, junto a Torre de D. Miguel

Viejo molino en ruinas en el Árrago, junto a Cadalso

Molino en ruinas en la rivera de Acebo, junto a Perales del Puerto

Molino a las afueras de Robledillo de Gata
Molino en ruinas junto al río Legares, en el término de Villamiel

Imponentes ruinas de molino junto al río Legares, en el término de Villamiel

Estampa invernal entre las ruinas de un viejo molino junto al río Legares