Alcornoques en la Sierra de Gata


Alcornoques en pleno invierno, cerca de Cadalso, en la ladera de la Almenara

Alcornoques recién descorchados en la Sierra de la Cachaza,
cerca de San Martín de Trevejo

El Quercus Suber es un árbol soberbio. Los ejemplares maduros pueden alcanzar una altura considerable, con un tronco de gran grosor y una copa imponente. Es, sin duda, el gran árbol del mundo mediterráneo.
En la Sierra de Gata el alcornoque está muy presente, rara vez formando grandes masas, generalmente son bosquecillos o árboles aislados presentes en áreas serranas de altitud media o baja. En zonas a menor altitud, en el piedemonte de la Sierra, aparecen algunas dehesas de alcornoques, como ocurre entre Cilleros y Perales o en la zona de Hernán Pérez, justo delante del farallón que representa la Sierra de los Ángeles.
Al margen del maravilloso castaño, al que venero, el alcornoque es para mí un árbol especial. Cuando ando por las montañas sierragatinas y me encuentro con uno o varios de estos espléndidos árboles, suelo abandonar el camino y acercarme a ellos, tocar su rugoso tronco y saludarlos. En ocasiones se ven desde lejos, con su corcho recién sacado y ese característico color rojizo-anaranjado.


Sombra reconfortante de alcornoques en la zona de Los Arenales,
en las cercanías del Canchal del Burro (Perales del Puerto)

Alcornoques jóvenes en el alto Árrago, en el camino entre Robledillo de Gata
y la ermita de Santo Tomé

Alcornoques y madroños crecen entre un denso pinar junto a la Rivera del Sabugal,
en Valverde del Fresno

Alcornoque junto al arroyo de las Cabreras, con la Sierra Baja al fondo (Gata)

Alcornoques en las cercanías de Hoyos

Alcornoque en las cercanías de Robledillo de  Gata

Alcornoques cerca de Torre de Don Miguel, próximos al arroyo de la Lobera.
Sus troncos negros recuerdan que sobrevivieron al fuego hace unos años

Dehesa de viejos alcornoques entre Cilleros y Perales

Alcornoques en la Sierra de Santa Olalla, junto a Cilleros

Alcornoques entre las ruinas del Convento del Hoyo (Gata)
Jóvenes alcornoques en las cercanías del Convento del Hoyo (Gata)

Imponente alcornoque entre las ruinas de una majada
en el Valle del río San Blas (Gata)

Magnífico tronco de alcornoque (en el centro de la imagen) rodeado por un
tupido bosque de castaños y robles cerca de Gata

Alcornoques entre castaños en las proximidades de Gata

Repoblación con alcornoques en las cercanías de Hernán Pérez,
con la Sierra de Los Ángeles al fondo

La dehesa de alcornoques tiene gran presencia en los alrededores de Hernán Pérez

Barrio del Regajo (Gata)

Primeras casas del Barrio del Regajo

Calle principal que recorre el Barrio

Hay un lugar en Gata que ningún viajero debería perderse. Está en lo alto del pueblo, apartado, no tiene un gran atractivo patrimonial pero su ubicación lo hace especialmente interesante. Desde allí las vistas de Gata son inigualables. Entre rocas y con un marcado desnivel un puñado de viejas y humildes casas, hoy la mayoría en desuso, arruinadas o convertidas en establos y cobertizos, se encaraman a la ladera de la montaña. Solo un par de ellas están habitadas y ligeramente reformadas, el resto son testigos de antiguos tiempos en los que gente muy humilde sacó adelante a sus familias en aquellas casitas de piedra.

La naturaleza rodea el Barrio del Regajo


Almendro en flor junto a una de las pocas casas habitadas


Viejos muros de piedra y paredes derrumbadas abundan en el Barrio

La última vez que subí hice la mayoría de estas fotos. Un hombre no demasiado mayor que venía de dar de comer a sus gallinas se detuvo a hablar conmigo. Me dijo: ahí donde tengo las gallinas nací yo. Aunque todo esto está medio en ruinas, aquí vivíamos muchas familias. Hoy viene mucho visitante a dar una vuelta por aquí.
Yo recomiendo un paseo por el barrio del Regajo, con sus edificios en ruinas y sus viejas casuchas de piedra. Al final del todo, cerca de una de esas modestas construcciones, unas encinas jóvenes junto a varias peñas de granito sombrean un lugar perfecto para descansar acompañados de un buen libro mientras disfrutamos de unas vistas privilegiadas de uno de los pueblos más bonitos de la Sierra de Gata.

Impresionantes vistas del valle y del pueblo de Gata desde el Barrio del Regajo


El Barrio en invierno


Frutales junto a viejos muros de piedra


En un día de lluvia las nubes cubren el Barrio


Una pequeña casa de aperos por encima del Barrio,
entre pinos, castaños y helechos

Otoño crepuscular en la Sierra de Gata


Robledillo  con el alto valle del Árrago al fondo
Valle del Árrago junto a Robledillo

Cuando el otoño se esconde en la Sierra de Gata lo hace a lo grande. Es el canto de cisne, el último esplendor antes de que el invierno con su quietud lo inunde todo. En este último estertor el otoño se viste con su último traje, más ocre y rojizo, y nos deja imágenes de ensueño.
Esta despedida se hace por fases: los castañares comienzan antes, los robledales después; las zonas altas son más tempranas, las más bajas en altitud prolongan el festival alguna semana más. En cualquier caso este crepúsculo de la estación más bella del año es un espectáculo inigualable.
 

Robledal cercano a Santibáñez

Vistas desde Santibáñez, con la Jañona al fondo

Piedras cubiertas con musgo en un bosque cercano a Gata

Bosque de castaños y robles cercano a Gata

En un bosque cercano a Gata

Camino otoñal en las cercanías de Torre de Don Miguel

Camino de los Castaños en Hoyos

Eljas vista desde la carretera hacia San Martín de Trevejo

Bosques en la Sierra de la Cachaza, frente a Eljas

Camino junto al río de la Vega, en San Martín de Trevejo

Cerca de San Martín de Trevejo

Castañar  de Ojesto, en San Martín

En las cercanías de San Martín de Trevejo

Camino junto al río de la Vega

Robledal con las Torres de Hernán Centeno al fondo

Río de la Vega

Este año estaba decidido a fotografiarlo con detalle. Dediqué dos días de trasiego intenso a hacerlo. Los cortos días del final de otoño me obligaron a recorrer la Sierra de una punta a otra aprovechando cada minuto, cada segundo. Comencé andando por los alrededores de Robledillo y adentrándome después por el camino de la calzada que lleva al nacimiento del Árrago; más tarde me acerqué a Santibáñez el Alto, desde donde las panorámicas son soberbias. Ese día lo único que comí desde el desayuno hasta las seis de la tarde fueron unas avellanas. Mi siguiente parada fue en las laderas de la Almenara, primero en un bosque encantado de castaños cercano a Gata, después en esa maravillosa selva mixta de pinos, castaños, robles y alcornoques que protege Torre de Don Miguel. Agotado por mi síndrome de Stendhal particular (ansiedad y asma), la noche me obligó a parar y descansar. Mañana sería otro día intenso de paisaje y bosques.
La nueva jornada comenzó paseando por un "bosque heroico", el castañar de Hoyos resistió con tenacidad el embate del terrible fuego del 2015, la humedad originada por el propio microclima que genera el bosque le permitió sobrevivir no sin heridas. De allí me fui a la impresionante selva que rodea el camino del Puerto de Santa Clara, en San Martín. Estuve tres horas andando por ella, primero siguiendo el río de la Vega y luego internándome en su corazón, en cuyo seno viven dos viejos castaños (los "abuelos"); con ellos comí en pleno bosque, solos los tres. Con los pies cansados afronté la última parada, los alrededores de Trevejo desplegaron ante mí todas sus galas de fin de otoño, y lo hicieron a esa hora tan mágica que es el atardecer. Final del día al terminar el otoño, que mejor forma de acabar.

Aquí dejo algunas fotografías de esos días. El resto están en el siguiente enlace: ÁLBUM COMPLETO DE FOTOS.

Robles en el camino entre Villamiel y Hoyos

En el camino de Trevejo a Hoyos

Vistas desde Trevejo a última hora de la tarde

Villamiel vista al atardecer desde Trevejo